Mary Ellen, niña de nueve años, nace en Nueva York en 1866. Una trabajadora de la caridad tuvo conocimiento de la situación de esta niña golpeada continuamente,herida con tijeras y atada a una cama. Todos los intentos de intervención en favor de la niña fueron vanos. Esta persona habló con la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales. Puesto que Mary Ellen era parte del reino animal, el argumento empleado en el proceso judicial fue que Mary Ellen merecía, al menos, tanta protección como un perro común. El año 1874 se ganó el primer proceso judicial en Estados Unidos que defendía a un menor de los malos tratos físicos y la negligencia. Como consecuencia del Caso Mary Ellen, se formó la "Sociedad para la Prevención de la crueldad hacia los niños".
Mostrando entradas con la etiqueta éso es una mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta éso es una mujer. Mostrar todas las entradas
Día de la mujer trabajadora.
Según el Diccionario Ideológico Feminista de Victoria Sau,el 8 de marzo
“se considera una jornada de lucha feminista en todo el mundo en
conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de una
fábrica textil de Nueva York llamada Cotton declararon una huelga en
protesta por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño no
aceptó la huelga y las obreras ocuparon la fábrica. El dueño cerró las
puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que
había dentro (…)”.
Desde
ese criminal suceso, el 8 de marzo, se celebran unas jornadas
reivindicativas, hasta que la mujer no alcance la plena igualdad de
derechos con el sexo opuesto.
Mujeres Celtas
Las mujeres celtas eran muy desinhibidas por el contacto que mantenían
con los hombres desde su infancia. Tenían muy poco de pudorosas, a pesar
d
e lo cual les gustaba adornarse y
cuidar su físico. Se lavaban dos veces o más al día, lo que no hacían ni
las damas romanas, trenzaban sus largos cabellos rubios o pelirrojos y
llevaban muchos adornos. En ocasiones cosían pequeñas campanas en los
bordes de sus vestidos con el fin de llamar la atención. Para las
fiestas se cubrían con capas muy vistosas, en las que aparecían rayas o
cuadros acompañados de bordados de oro y plata.
Cuando deseaban sentirse bonitas se pintaban las uñas de las manos y los pies, daban color a sus mejillas con una hierba llamada «ruan» y oscurecían sus ojos con el jugo de las bayas.
Tan exquisito concepto de la coquetería desaparecía en ellas en el momento que participaban en la guerra o veían en peligro a su familia.
Esto es lo que escribió el comentarista romano Ammanianus Marcellinus sobre las mujeres celtas: Un ejército entero de extranjeros sería incapaz de detener a un puñado de galos si éstos pidiesen ayuda a sus mujeres. Las he visto surgir de sus cabañas convertidas en unas furias: hinchado el blanco cuello, rechinando los dientes y esgrimiendo una estaca sobre sus cabezas, prontas a golpear salvajemente, sin olvidarse de las patadas y los mordiscos, en unas acciones tan fulminantes que se diría que todo en ellas se ha convertido en una especie de catapulta. Unas lobas en celo no lucharían tan rabiosamente para proteger a su camada como ellas...
Esto obedecía al hecho de que las mujeres empezaban a trabajar desde que se sostenían sobre sus pies, amaban a los suyos con más pasión que a su propia persona y conocían el manejo de las armas desde la niñez. Debemos recordar que las tribus celtas eran viajeras, luego sabían que les aguardaban muchas luchas, sin olvidarse de la cantidad de animales salvajes que merodeaban por todas partes, en especial lobos, osos y serpientes.
Cuando deseaban sentirse bonitas se pintaban las uñas de las manos y los pies, daban color a sus mejillas con una hierba llamada «ruan» y oscurecían sus ojos con el jugo de las bayas.
Tan exquisito concepto de la coquetería desaparecía en ellas en el momento que participaban en la guerra o veían en peligro a su familia.
Esto es lo que escribió el comentarista romano Ammanianus Marcellinus sobre las mujeres celtas: Un ejército entero de extranjeros sería incapaz de detener a un puñado de galos si éstos pidiesen ayuda a sus mujeres. Las he visto surgir de sus cabañas convertidas en unas furias: hinchado el blanco cuello, rechinando los dientes y esgrimiendo una estaca sobre sus cabezas, prontas a golpear salvajemente, sin olvidarse de las patadas y los mordiscos, en unas acciones tan fulminantes que se diría que todo en ellas se ha convertido en una especie de catapulta. Unas lobas en celo no lucharían tan rabiosamente para proteger a su camada como ellas...
Esto obedecía al hecho de que las mujeres empezaban a trabajar desde que se sostenían sobre sus pies, amaban a los suyos con más pasión que a su propia persona y conocían el manejo de las armas desde la niñez. Debemos recordar que las tribus celtas eran viajeras, luego sabían que les aguardaban muchas luchas, sin olvidarse de la cantidad de animales salvajes que merodeaban por todas partes, en especial lobos, osos y serpientes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)